Bueno, leyendo el titular, parece que la competición vaya a empezar en breve, pero lo cierto es que ya ha comenzado de manera oficial hará cosa de unas semanas. Ya comenté en su día que publico cuando puedo 😉
La cuestión es que resulta reconfortante ver cómo sigue viva (y mucho) una tradición recuperada hace ya un par de décadas, y que la misma, se nutre de la ilusión y las ganas de gente nueva que toma el relevo de los que poco a poco, y de manera inevitable, van cediendo la barrena a los que les suceden, de la misma manera que ellos en su día, hicieron lo propio con los que ya estaban ahí cuando llegaron. El ciclo de la vida, supongo, deportivamente hablando.
Para quien quiera conocer algo más profundamente cómo fue eso de recuperar esta tradición, cuelgo aquí un enlace, que si bien, hace un tiempo que no se actualiza a nivel de estadísticas y ediciones, es muy interesante para conocer los orígenes recientes de esta disciplina: http://www.euskonews.eus/0306zbk/gaia30603es.html

La llegada al sitio, preparar las barrenas, los guantes, las piedras que van siendo colocadas con la inestimable ayuda de una pluma, por supuesto; esa nube que no acaba de irse, y que amenaza con amargar la prueba de hoy a más de uno (ojo, que lo de barrenar con lluvia, merecería otra entrada aparte), el runrún de la gente que va llegando, el calentamiento…todo ese ambiente que se genera en torno al lugar de la prueba, y que en cuanto suena el pitido inicial, desaparece de la mente de quien tiene la barrena entre manos, ya que su objetivo pasa a ser golpear y golpear, durante la próxima media hora. Todo ese ambiente, digo, es parte de un ritual. La cara bonita o amable por así decirlo de este deporte. Lo que la gente ve.
Otro día hablaré de lo que la gente no ve.