Tendemos a pensar que un barrenador se limitaba a eso, a barrenar. Y sí, barrenar, barrenaba. Pero también hacía otras muchas cosas.
Pongámonos en situación: finales del siglo XIX. Estamos en una explotación de hierro en alguna zona de la cuenca minera de Bizkaia (montes de Triano , Muskiz , Bilbao , Sopuerta , Galdames…), y como éste se encuentra en la superficie, el acceso al mismo es relativamente sencillo. Pero hay que extraerlo.
Para ello, un barrenador, tiene que decidir cuántos barrenos hará en el tajo, qué inclinación y profundidad tendrán, y dónde se efectuarán concretamente. Aparte, tiene que prever también la carga de explosivo y la longitud de las mechas. Es también el encargado de retacar (hacer que queden juntos entre sí, a base de golpecitos) los cartuchos de dinamita (recientemente patentada por Alfred Nobel, y que es todo un adelanto en comparación con otras sustancias explosivas utilizadas hasta entonces, como la nitroglicerina por ejemplo, pero que también resulta peligrosa si no se manipula debidamente), tarea que en principio se realiza con una especie barrena de madera (hay casos documentados de mineros malheridos o fallecidos que retacaron con la propia barrena, tal vez por no tener a mano una de madera, y que tuvieron la mala suerte de golpear la piedra ligeramente, lo suficiente como para generar una chispa y detonar la carga), y que requiere también cierta pericia.
Tras avisar con la corneta (sí, también le toca a él dar los tres avisos previos a las explosiones que sirven para advertir al resto de compañeros), y proceder a realizar los pertinentes barrenos y las consiguientes voladuras, se encuentra con un gran volumen de mineral de hierro listo para ser recogido, en forma de rocas de menor tamaño. Aún así, algunas de estas rocas, todavía tienen unas dimensiones considerables, lo que hace que resulten harto complicadas de transportar. La solución más sencilla: más barrenos y más voladuras. Pero a lo mejor no siempre es posible, por diversos motivos, efectuar una segunda voladura: puede que el capataz no permita usar más cartuchos por ahorrar (suponemos que tendrá que rendir cuentas de productividad, inventarios, etc), o simplemente, por no volver a paralizar la actividad de los demás. A saber. Imaginemos que procede a desmenuzar la piedra a mano. Así que, hace unos nuevos barrenos, sí, pero esta vez para meter dentro unas cuñas, que debidamente calzadas y ajustadas, le van a permitir a base de golpes de martillo, resquebrajar la mole de mineral. Así de fácil.
O no tanto, porque en el ejemplo del primer vídeo, cortesía de Errekatxo Harrizulatzaileak (https://www.facebook.com/ErrekatxoHarrizulatzaileak/, con música de Spanta la Xente https://bit.ly/2XEpCnN ), la piedra es de forma regular, y está bien asentada. Tras una voladura, no se podía saber de qué manera iban a quedar las piedras, ni en forma ni en posición, así que pensad que la piedra a reducir resulta irregular e inestable, con lo que puede que hubiera que barrenar en inclinado, o en horizontal, con lo que prever los puntos de ataque sería más complicado, y tal vez hubiera que trabajar haciendo equilibrios…bueno, un montón de cosas más a tener en cuenta.
Y este era el día a día de un barrenador. También había otros modos de achicar las piedras grandes, como realizar una catalana, por ejemplo, que consistía en adherir a la piedra de algún modo (brea o similar) un cartucho de dinamita y realizar una voladura rápida, a fin de debilitar una zona en concreto de la piedra, y poder partirla por ahí. Pero todo era relativo…como ya he dicho, dependía de la piedra en cuestión, de su forma y dimensiones, ubicación…o puede incluso que no todas las compañías mineras pudieran permitirse el utilizar las últimas tecnologías, y la dinamita, para muchas, fuese un bien prohibitivo o muy restringido. Recordemos que en esta zona, operaban grandes multinacionales mineras, pero también explotaciones mucho más modestas, y probablemente sucediera lo mismo que hoy día cuando irrumpe en el mercado alguna tecnología nueva: no todas las empresas pueden hacerse con ella. Al menos a corto plazo. Vamos, que las cosas no han cambiado tanto, en ese sentido. Pero bueno, que todo esto no son sino suposiciones ¿eh?.
Ya veis, la vida del barrenador.