Contra viento y marea.

Pues sí. Aquí estoy de nuevo. Pandemias mundiales y motivos personales mediante, un año largo sin publicar. Pero bueno, ya dije (y si no lo digo ahora) que escribiría cuando las circunstancias se dieran. De modo que aquí me tenéis. Tal y como reza el título.

Y elijo precisamente esa frase hecha porque viene muy bien para el artículo de hoy. Y es que los barrenadores tenían que sacar también la tarea adelante contra todo. Y contra todos.

Boceto de autor desconocido

Ya he comentado anteriormente más o menos cuál era el cometido del barrenador y la importancia que éste tenía para que la explotación en la que trabajaba sacara adelante la producción. Si ya de por sí su labor, como hemos visto, era complicada, dura y laboriosa, sucedía a veces que no siempre las condiciones para llevarla a cabo eran las mismas. El clima, las herramientas disponibles o mismamente el estado en el que iba a quedar el tajo o frente del mineral para acometer la siguiente voladura tras la última efectuada, entre otras circunstancias, eran impredecibles. Este último caso es el que nos atañe.

Y es que normalmente, a la hora de realizar un barreno, se trataba de buscar en la medida de lo posible un ataque vertical. Tarea de mucho esfuerzo y técnica, sí, pero quizá no tan exigente como cuando tocaba horadar la piedra en sentido horizontal.

Así pues, en ocasiones, un barrenador se veía en la tesitura de tener que realizar una perforación lateral. Lo malo de esta forma de trabajar, es que el barrenador tenía que sujetar en todo momento el peso de la barrena (unos 10-12 kilos), ya que si el agarre de la misma flojeaba en algún momento, se corría el riesgo de que el siguiente golpe no diera en el sitio adecuado.

Imaginad por un momento que estáis barrenando en vertical. Incluso para quien tenga experiencia, es inevitable que al subir la barrena a lo más alto que nos permitan los brazos preparando el siguiente golpe, ésta aligere su peso siquiera por la inercia de subida que acumula, y así por uno o dos segundos, hasta que bajamos de nuevo la barra violentamente, nos veremos «liberados» de su carga. Es decir, que aún queriendo no podríamos evitar esa pequeña liberación de la carga. Incluso habría quien en algunas bajadas, usaría sus brazos sólo como guía para llevar la barrena a su sitio, que por la propia ley de la gravedad caería sola. Picotear la piedra, vaya. Una buena forma de «descansar» dando la sensación de estar trabajando delante del capataz.

Esto claro está, no se puede hacer al barrenar en horizontal, por lo que he dicho antes. Pero claro, tratar de hacer un barreno de un palmo de esta manera, es muy complicado, por no decir imposible. La cadencia, precisión, ritmo y resistencia necesarios no hay cuerpo que lo aguante.

¿Entonces?

Pues muy fácil. Lo que se hacía al barrenar de esta manera era hacer lo que se llamaba el «emboquille». Es decir, en lugar de hacer un barreno como los verticales, de unos 12 cms, se efectuaba uno de unos 5 cms. Lo justo para poder presentar la punta de un cincel, y mediante una maza alcanzar la profundidad deseada. Esta labor, evidentemente, requería de varias personas. Generalmente solían ser tres; mientras que una sujetaba el puntero a una distancia prudencial, normalmente con unas tenazas largas, otros dos compañeros se alternaban golpeándolo con porras, logrando así una mayor cadencia. Eso sí, quien sujetara las tenazas debía de tener la pericia suficiente para ir haciendo girar el puntero a cada golpe para evitar que éste se quedara atascado o perdiera capacidad de perforar al hacerlo siempre en la misma posición. Vamos, que algo aparentemente sencillo en su planteamiento, también tenía su truco.

Autor de la foto: fototito, de Asociación Fotográfica Denbora, http://www.denbora.org.

Así pues, y por resumir, cuando había que barrenar en horizontal porque el terreno así lo requería, se realizaba la parte más superficial del barreno con la barrena a la antigua usanza, y acto seguido con la ayuda de algún compañero se remataba el agujero con otra técnica.

Todo un reto lo de barrenar en horizontal.

No sólo de barrenar vive el barrenador

Tendemos a pensar que un barrenador se limitaba a eso, a barrenar. Y sí, barrenar, barrenaba. Pero también hacía otras muchas cosas.

Pongámonos en situación: finales del siglo XIX. Estamos en una explotación de hierro en alguna zona de la cuenca minera de Bizkaia (montes de Triano , Muskiz , Bilbao , Sopuerta , Galdames…), y como éste se encuentra en la superficie, el acceso al mismo es relativamente sencillo. Pero hay que extraerlo.

Para ello, un barrenador, tiene que decidir cuántos barrenos hará en el tajo, qué inclinación y profundidad tendrán, y dónde se efectuarán concretamente. Aparte, tiene que prever también la carga de explosivo y la longitud de las mechas. Es también el encargado de retacar (hacer que queden juntos entre sí, a base de golpecitos) los cartuchos de dinamita (recientemente patentada por Alfred Nobel, y que es todo un adelanto en comparación con otras sustancias explosivas utilizadas hasta entonces, como la nitroglicerina por ejemplo, pero que también resulta peligrosa si no se manipula debidamente), tarea que en principio se realiza con una especie barrena de madera (hay casos documentados de mineros malheridos o fallecidos que retacaron con la propia barrena, tal vez por no tener a mano una de madera, y que tuvieron la mala suerte de golpear la piedra ligeramente, lo suficiente como para generar una chispa y detonar la carga), y que requiere también cierta pericia.

Chico para todo

Tras avisar con la corneta (sí, también le toca a él dar los tres avisos previos a las explosiones que sirven para advertir al resto de compañeros), y proceder a realizar los pertinentes barrenos y las consiguientes voladuras, se encuentra con un gran volumen de mineral de hierro listo para ser recogido, en forma de rocas de menor tamaño. Aún así, algunas de estas rocas, todavía tienen unas dimensiones considerables, lo que hace que resulten harto complicadas de transportar. La solución más sencilla: más barrenos y más voladuras. Pero a lo mejor no siempre es posible, por diversos motivos, efectuar una segunda voladura: puede que el capataz no permita usar más cartuchos por ahorrar (suponemos que tendrá que rendir cuentas de productividad, inventarios, etc), o simplemente, por no volver a paralizar la actividad de los demás. A saber. Imaginemos que procede a desmenuzar la piedra a mano. Así que, hace unos nuevos barrenos, sí, pero esta vez para meter dentro unas cuñas, que debidamente calzadas y ajustadas, le van a permitir a base de golpes de martillo, resquebrajar la mole de mineral. Así de fácil.


O no tanto, porque en el ejemplo del primer vídeo, cortesía de Errekatxo Harrizulatzaileak (https://www.facebook.com/ErrekatxoHarrizulatzaileak/, con música de Spanta la Xente https://bit.ly/2XEpCnN ), la piedra es de forma regular, y está bien asentada. Tras una voladura, no se podía saber de qué manera iban a quedar las piedras, ni en forma ni en posición, así que pensad que la piedra a reducir resulta irregular e inestable, con lo que puede que hubiera que barrenar en inclinado, o en horizontal, con lo que prever los puntos de ataque sería más complicado, y tal vez hubiera que trabajar haciendo equilibrios…bueno, un montón de cosas más a tener en cuenta.

¡PUM!

Y este era el día a día de un barrenador. También había otros modos de achicar las piedras grandes, como realizar una catalana, por ejemplo, que consistía en adherir a la piedra de algún modo (brea o similar) un cartucho de dinamita y realizar una voladura rápida, a fin de debilitar una zona en concreto de la piedra, y poder partirla por ahí. Pero todo era relativo…como ya he dicho, dependía de la piedra en cuestión, de su forma y dimensiones, ubicación…o puede incluso que no todas las compañías mineras pudieran permitirse el utilizar las últimas tecnologías, y la dinamita, para muchas, fuese un bien prohibitivo o muy restringido. Recordemos que en esta zona, operaban grandes multinacionales mineras, pero también explotaciones mucho más modestas, y probablemente sucediera lo mismo que hoy día cuando irrumpe en el mercado alguna tecnología nueva: no todas las empresas pueden hacerse con ella. Al menos a corto plazo. Vamos, que las cosas no han cambiado tanto, en ese sentido. Pero bueno, que todo esto no son sino suposiciones ¿eh?.

Ya veis, la vida del barrenador.

†

Comienza la competición

Bueno, leyendo el titular, parece que la competición vaya a empezar en breve, pero lo cierto es que ya ha comenzado de manera oficial hará cosa de unas semanas. Ya comenté en su día que publico cuando puedo 😉

Lo sé, el vídeo sabe a poco

La cuestión es que resulta reconfortante ver cómo sigue viva (y mucho) una tradición recuperada hace ya un par de décadas, y que la misma, se nutre de la ilusión y las ganas de gente nueva que toma el relevo de los que poco a poco, y de manera inevitable, van cediendo la barrena a los que les suceden, de la misma manera que ellos en su día, hicieron lo propio con los que ya estaban ahí cuando llegaron. El ciclo de la vida, supongo, deportivamente hablando.

Para quien quiera conocer algo más profundamente cómo fue eso de recuperar esta tradición, cuelgo aquí un enlace, que si bien, hace un tiempo que no se actualiza a nivel de estadísticas y ediciones, es muy interesante para conocer los orígenes recientes de esta disciplina: http://www.euskonews.eus/0306zbk/gaia30603es.html

¿Os gusta? Pues a mí más.

La llegada al sitio, preparar las barrenas, los guantes, las piedras que van siendo colocadas con la inestimable ayuda de una pluma, por supuesto; esa nube que no acaba de irse, y que amenaza con amargar la prueba de hoy a más de uno (ojo, que lo de barrenar con lluvia, merecería otra entrada aparte), el runrún de la gente que va llegando, el calentamiento…todo ese ambiente que se genera en torno al lugar de la prueba, y que en cuanto suena el pitido inicial, desaparece de la mente de quien tiene la barrena entre manos, ya que su objetivo pasa a ser golpear y golpear, durante la próxima media hora. Todo ese ambiente, digo, es parte de un ritual. La cara bonita o amable por así decirlo de este deporte. Lo que la gente ve.

Otro día hablaré de lo que la gente no ve.

Un poco de autobombo

Pues sí amigos y seguidores, es triste, pero es así. Si no queremos que nuestras ideas y proyectos se diluyan en el proceloso océano de internet, como lágrimas en la lluvia, hay que ser constante. Mucho. Y aparecer en cuantos más sitios mejor. Triste y muy laborioso. Son tantas las redes sociales, plataformas, perfiles, foros y demás sitios en los que, para asegurarnos un mínimo de presencia, hay que estar presentes, que (no vamos a decir que en todos) sí que es muy recomendable gestionar una cuenta de usuario en muchos de ellos. O al menos en los más relevantes.

Esta semana he hecho circular por infinidad de medios este pequeño vídeo, en cuyo cierre se pueden ver los canales que pretendo utilizar para difundir todo este proyecto.

Como he dicho en alguna publicación anterior, soy nuevo en esto de los blogs, y seguro que desconozco el uso de alguna de las herramientas o aplicaciones que me facilitarían las cosas enormemente, pero bueno, seguimos avanzando a nuestro ritmo.

Volviendo a lo importante de esta publicación, que es el vídeo, en el mismo podréis ver como decía, los enlaces a los perfiles del proyecto en facebook, instagram, youtube, y a este blog, así como una dirección de correo por si alguien quisiera contactarme.

😉

Muy bien, pero… ¿qué es un barrenador?

Claro que, aún no he explicado lo que es un barrenador. O cuál era su cometido. Pues básicamente, era el encargado de realizar, en una explotación minera, un agujero o barreno en el que introducir explosivo, para proceder a su voladura.

Dos barrenadores en acción, uno con la barrena, y el otro con un pericacho para recoger mineral menudo.

Para realizar dicho agujero, se servía de una barra metálica o barrena, con puntas planas y afiladas, y a base de golpe, fuerza y precisión, conseguía una cavidad más o menos profunda, en función de la necesidad, y se rellenaba de un producto explosivo (generalmente dinamita), que se hacía explotar mediante una mecha más bien larga (para que diera tiempo a avisar y alejarse), y así poder desmenuzar las partes grandes de mineral en trozos más pequeños y manejables.

Así pues, el barrenador, hacía barrenos, sí, pero también tenía que decidir cuál era el lugar más idóneo para llevarlos a cabo (en un punto o en otro en función de la forma de la piedra a reducir, o en horizontal, en inclinado, etc), calcular y preparar la carga explosiva adecuada (quedarse corto o pasarse era algo que podía suceder, con muy diversas consecuencias), retacar la misma, preparar mechas…unas cuantas cosas, vaya.

Resumiendo, que además de una constitución fuerte y un buen estado de forma, algo poco frecuente para la época (hablamos de finales del siglo XIX, con el índice de mortalidad infantil por las nubes, y las penurias económicas y sociales a la orden del día), un barrenador, tenía que tener además unos conocimientos técnicos mínimos que le posibilitaran desempeñar su función. Los buenos barrenadores eran apreciados, y aparte de un sueldo mayor que el de muchos otros trabajadores de la mina, solían estar mejor alimentados que el resto. Aunque respecto a esto último, no tengo tan claro si ello era para trabajar mejor, o para llegar en mejores condiciones físicas a las famosas apuestas de barrenadores que los patrones de cada explotación pusieron de moda, y en las que se jugaban auténticas fortunas.

Pero de eso, hablaremos en otra entrada.

¿Por qué almas de hierro?

Línea de baldes en las inmediaciones de Gallarta. Al fondo, se adivina el Serantes.

El hierro es el origen de todo esto. Y aunque con todo esto me refiero al proyecto en sí, bien podría referirme a TODO esto: una revolución industrial, el surgimiento de un pueblo, su desaparición, el cambio de modelos sociales y económicos de toda una región, la total esquilmación de unos recursos naturales, para beneficios de unos pocos…

En las explotaciones de mineral de hierro de la zona minera de la margen izquierda de Bizkaia, muchas personas se dejaron la salud y en numerosas ocasiones la vida, por el hierro. Se puede decir que se entregaron en cuerpo y ALMA a la extracción del HIERRO.

Así pues, el título del proyecto, no fue muy difícil de determinar. Eso sí, veo que existen algunas referencias (libros, telenovelas) con nombres muy similares, pero pienso que es legítimo, y moralmente apropiado, el bautizar al proyecto con dicho nombre (espero que no haya problemas de ningún tipo en un futuro).

Estrenamos blog

Por fin me he decidido a crear un blog para este proyecto, con el que llevo ya unos años, y que, tras un tiempo en el dique seco, pretendo retomar y terminar.

Ayuntamiento del viejo Gallarta

Me llamo Juan Cruz, y escribo desde Gallarta, una localidad situada a las afueras de Bilbao, con un gran pasado minero a sus espaldas. Precisamente, esta actividad, fue la que encumbró a este barrio de Abanto y Zierbena, y también la que lo abocó a su desaparición. Pero vayamos por partes, ya que hay mucho que contar, y me gustaría ir en orden.

Por lo pronto, quería poner en marcha esta plataforma, con la que aún no estoy muy familiarizado, y con la que espero ir cogiendo soltura a medida que vaya trasteando con ella.

Eso, y presentarme, claro.